Artículo para el Observatorio de RRHH

Artículo publicado en la revista Observatorio de RRHH. Accede al artículo original

Una de las habilidades que más nos cuesta encontrar en el ámbito laboral es la gestión del error. La razón principal es que tendemos a confundir el error con el fracaso y para mí son dos conceptos diferentes. El error no deja de ser un hecho puntual, es decir, algo que no hemos conseguido en comparación con la expectativa de éxito que teníamos con una conducta o con un repertorio de conductas. Hemos cometido un error y buscamos las causas para entender qué nos ha faltado o hemos puesto de más, con el objetivo de que no vuelva a ocurrir en el futuro. Simple y directo.

Por otro lado, nos podemos encontrar con la misma conducta, que nos debería llevar a un resultado y que éste al final no aparece. ¿Dónde está entonces la diferencia?

Lo diferente entre ambas situaciones ocurre cuando nosotros comenzamos a generar una serie de pensamientos negativos que nos hacen vivir dicha situación como un fracaso. En este caso, nos decimos cosas del tipo “no he estado a la altura”, “no he sido capaz”, “no valgo”, “esto no es para mí”, “no ha sido suficiente”, etc.

Todos estos pensamientos no son reales, son una generalización de un hecho específico y puntual, pero que nosotros vivimos y extrapolamos a otras situaciones e incluso a otros ámbitos de nuestra vida. A partir de aquí lo sencillo es caer en un mundo de limitaciones, donde lo más fácil es no atreverse a probar de nuevo y quedarse en una zona de bajo riesgo, provocada por el miedo a fracasar de nuevo. Este miedo al fracaso lo hemos confundido con un hecho natural e inherente al ser humano, cometer errores como fuente de aprendizaje.

Esta actitud genera en las personas una aversión enorme a cometer errores. A no atreverse a probar cosas diferentes y a no mostrar nuevas habilidades o conductas no testadas previamente.

Si a todo esto añadimos cómo el entorno en el que trabajamos puede influir a provocar dicha aversión, nos encontramos con organizaciones donde el error no sólo no se gestiona, sino que se convierte en algo estigmatizado.

Dicho esto, ¿cómo conseguimos organizaciones que ayuden a las personas a gestionar adecuadamente los errores y a verlos como algo plausible? ¿Y cómo conseguimos personas que vean el error como una fuente de aprendizaje y de espíritu innovador? La respuesta una vez más se encuentra en cómo lo hacen los niños o en cómo lo hacíamos nosotros cuando éramos niños.

CÓMO LO HACEN LOS NIÑOS

 › No tienen miedo a probar cosas nuevas. Saben que solo así descubrirán nuevas formas de divertirse.

› Los niños son curiosos por naturaleza. Esta curiosidad les lleva a no ponerse límites y, por tanto, a explorar nuevas posibilidades

› Los niños cuando se equivocan prueban de nuevo y lo hacen de forma diferente a la que no funcionó.

› No se basan en la experiencia pasada. Buscan nuevas formas de hacer que les sean agradables y que les motiven.

› Los niños huyen de la monotonía, por tanto, prueban nuevas opciones sin descanso. Por supuesto, no todas satisfactorias, pero eso forma también parte de su desarrollo como personas.

Partiendo de la base de que ya lo hemos hecho cuando éramos niños, ¿cómo podemos gestionar los errores para que sigan siendo lo que realmente son, base del aprendizaje?

› Identificar la situación en la que hemos errado. ¿Qué se esperaba de nosotros y qué hemos conseguido?

› Identificar las causas que nos han llevado a cometer el error, externas e internas.

› Analizar qué nos ha faltado o qué hemos hecho de más para no conseguir el resultado esperado.

› Buscar pensamientos que nos ayuden a tomar conciencia del error y de cómo superarlo y alejarnos de aquellos que nos lleven a una sensación de fracaso.

› Buscar fuentes de aprendizaje en el propio error, ¿qué puedo sacar de esta situación que me sirva en el futuro?

› Comenzar a mirar hacia delante haciéndonos preguntas del tipo, ¿qué voy a hacer diferente la próxima vez? ¿cómo puede atajar esta situación probando cosas nuevas?

› Buscar fuentes de ayuda externas o modelos de comportamiento de otras personas, que nos permitan aprender y probar nuevas conductas no realizadas hasta ahora.

› Ver el error como lo que realmente es, algo que todos hemos cometido alguna vez en nuestra carrera profesional y que volveremos a cometer, sin duda ninguna.

En definitiva, el objetivo es que tomemos conciencia una vez más de que buscar la perfección es un error en sí mismo. Tratando de tener todo bajo control, tendremos la sensación de que conseguiremos cometer pocos errores, es cierto, pero más cierto es que nos quedaremos en una zona de falsa comodidad que nos impedirá atrevernos a avanzar y a conseguir nuevas e inesperadas metas.

Y tú, ¿eres de los que van a gestionar el error o de los que seguirán teniendo miedo al fracaso? La decisión, una vez más, es solo tuya.

 

José Miguel Sánchez, Socio Fundador de Talent Profits. Autor de “Poderoso como un niño” y «La experiencia de resetearse». Psicólogo Organizacional, coach y MBA.

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